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Alimentación

¿Eres de los que de pequeño tomaban un vaso de leche antes de ir a la cama?


“Sí, hijo, tómatelo. Que tiene mucho calcio que te ayudará a crecer”, solían decir nuestras madres.

Efectivamente, la leche es un alimento rico en calcio. Una propiedad que no poseen las, hoy en día en boga, leches vegetales. Las leches de soja, de arroz, de avena, de almendras… irrumpieron en el mercado dirigiéndose al segmento vegano y a la gente que padece alergia a la leche tradicional, y se están afianzando en los lineales, no solo entre estos consumidores, sino entre un público más amplio que persigue una dieta supuestamente más saludable.

Pero... ¡ojo! El calcio de la leche de vaca es incomparable, tanto por la cantidad como por el hecho de ser un calcio más fácilmente absorbible.

El calcio es un factor clave para la formación y crecimiento de los huesos, elemento con gran presencia en el organismo, pero este no lo genera. Todo, debemos ingerirlo en nuestra dieta.

En la leche de soja, por ejemplo, el 90% del calcio es añadido, y aun así tiene algo menos que la semidesnatada de vaca.

Pero no miremos solo a la cantidad, sino también a la calidad, atendiendo a cómo se absorbe. Del total de calcio que tienen los alimentos, solo se absorbe entre un 25-35%. Este porcentaje mejora con la presencia de grasa, lactosa y vitamina D, todas ellas, presentes en la leche de vaca.

Tengamos en cuenta que la ingesta diaria recomendada de calcio es de 1.000 mg, cantidad que asciende a 1.300 mg en el caso de niños y personas mayores.

Así, la leche de vaca resulta una de las mejores opciones si queremos vigilar el aporte de calcio en nuestra dieta.

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